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lunes, 16 de junio de 2014

Agonía


Tomaré mi vaso
y la leche de mis labios limpiaré,
mis sueños esperan
en el mundo interno;
aquél donde jugaba de pequeño,
donde soñaba siendo reflejo
de mis emociones infantiles,
de mis pasiones juveniles
y un poco más en años nuevos

Dejaré una luz

que me defienda de las sombras,
que no se extinga;
de pronto me asusta el fin,
ver la cera consumida
y los olores a nardos.

Necesito a mi madre,

quisiera ver a mi padre
y mi familia lejana,
si pudieran acompañarme,
porque moriré solo
en un lecho frío
que huele a cementerio.

Quisiera un vaso de vino

aquél que me prometiste
cuando te recibí en mi camino



Jorge López García

"El Malevólico"





domingo, 2 de febrero de 2014

Comencé por dos palabras...



Me gustas,
y los jardines
del alma reverdecieron.

Se alzaron obeliscos
con su rostro en filigrana,
haciendo majestuoso el jubilo
que mi respiración sostiene agitada.

Donde las esperanzas
tristes y opacas aguardan,
brotes de virtud y pureza cristalina
se desbordan y mojan las baldosas enmohecidas.

Pecesillos multicolores,
en cardumen sobresaltado,
abarrotan las orillas del estanque;
aquel lugar bajo la sombra de tus labios.

Nos bastaron las miradas
y se apresuraron los corazones,
el temor y la incertidumbre desaparecieron
porque nuestra historia comenzó con dos palabras:

Te quiero.

Jorge López García.
"El Malevólico"



miércoles, 29 de enero de 2014

El veredicto


Te vieron los mirlos
cosechar la fruta fresca,
llenar el cántaro de promesas
y volver temprano de la ronda,
mientras soñando, te esperaba.

Te sintieron bailar los grillos
y tus pasos, con jolgorio,
se acompañaban furtivos
del sabor de la traición.
¿Quién lo hubiera visto?

Del alarde a la mueca
se desfiguró la rosa altiva
que coronaba nuestro jardín;
hubiese sentido vergüenza,
pero sabía de ti con antelación.

En aquella primera siembra
apareció él, delante de los rosales;
cautivando con lujuria y labia,
y la tierra supo de tu deseo
en la sangre que cayó por error.

Ahora se presentan los ecos
detrás de tu sonrisa descarada,
reviviendo las caricias más sentidas.
Y soberbios son tus pasos hacia la alcoba
donde el triunfo te sería robado.

Sabía nuestra solitaria cama
que sobre su fría cubierta
dejaría un video y la despedida,
porque yo también sabía
del lugar donde me traicionaste.

Fueron testigos los muros
de los lamentos por tus hijos,
el papel del divorcio probó tu llanto
y los muebles padecieron en silencio
la maldición y fuerza de tu rabia.

Y con estos testigos imparciales
y aquella cinta de tu debut de cine,
me retiro sin culpa alguna
pues la potestad la conservo yo,
que sea Dios quien sentencie tu destino.



Jorge López García
"El Malevólico"


Y en tus ojos el mundo



Se desbordaban las bondades;
paraísos terrenales nos rodeaban
afilando la agudeza del amanecer,
porque la dicha era inmensa,
era tu virtud y mi impaciencia.

Las criaturas nacieron de tus manos,
obligadas a obedecer tus sentidos,
una mirada doblaba las voluntades
y un chasquido reformaba alacranes.

Era la creación presa de un beso,
en un instante, de sentimientos bellos
se cubrieron los desiertos cálidos,
y los fríos, escarcharon las ciudades
donde el hombre, de tu sien se vició.

En mi mundo, en un instante confuso,
redimiste el instinto y la vanidad.
Y en el ayer de los meses que pasaron
tu recuerdo desprendió la eternidad.

El amor brotó de mi pecho
y en tus ojos el mundo desapareció.

Jorge López García.
"El Malevólico"




lunes, 11 de noviembre de 2013

El vuelo de las martinas




Desapareció Tunante, se hizo añicos,
como la mariposa que regresa a la tierra,
como el cánido que devora a su cría.
Desapareció Alegra detrás del horizonte...

Despertaron los sueños,
viéndose abandonados gritaron:
¡Mal padre, mala madre... maldita suerte!
¿Donde está Tunante y su consuelo?

Las martinas volaron a pinceladas;
dejaras de esperar por ellas en la mañana...
Alegra no camines por la playa olvidada,
tus pies se volverán espuma de noche.

Y su sonrisa, tan pura y sarcástica,
me viene calzando el pan y el alumbre;
la ración del día me quema de hastío,
y no se donde buscarle ni como resulte...

Feneció la perla colgada en su vientre;
nos regalamos una tarde, disfrutando el aire,
y la brisa arrastró el aroma de esa dicha
a las garras del desfigurado porvenir.

Desapareció Alegra y con ella mi fe;
en mi pecho la tinta de su sangre
queda grabada para poder hallarla,
después del horizonte: donde irá Tunante.


Jorge López García
"El Malevólico"



jueves, 7 de noviembre de 2013

Entre el crepúsculo y el alba...



La madrugada es un ente,
me cobija de terrores ocultos,
azuzados por lenguas de fuego
y demonios en los claroscuros...


Me seduce tu belleza ausente.
Las manos que se extinguieron
como fantasmas reclaman y sujetan
la carne entre mis piernas...


...a veces lento, suave
y a veces me aceleran.


Mis manos, posesas de deseo,
estrujan las sábanas buscando tu piel,
la humedad de tus entrañas,
la tersura de tus senos y nalgas...


Tu aroma impregna la habitación;
rosas rojas; frescas y penetrantes,
pétalos expuestos de tu cuerpo
que me ofrecieron ternura y abnegación.


El sabor íntimo de tu sal
se desgrana en mi garganta...


Sirena que abandonó su reino
por un mortal empecinado en un sueño.
¿Dónde depositas las esperanzas
que un día fueron promesas de amor eterno?


Obligado a reconocer la derrota,
la oscuridad de tus ojos me doblega.
Mi cuerpo se enfría tras revivir el recuerdo
y tu alma errante se aleja de mis sentidos...


El alba llega sin pedir permiso,
la noche ha terminado
y comienza de nuevo el suplicio
hasta el día de mi último ocaso.



Jorge López García
"El Malevólico"


martes, 5 de noviembre de 2013

Cada vez más vacío...



Porque la "razón" no conversa,
sólo mantiene un monólogo de necedades...



Y me falta el sabor de un beso
en las grietas resecas de tu partida.
Tal vez nunca fuiste mía
y siempre soñé de noche, y a veces...


Quizá me encuentro del lado incorrecto del espejo;
tropecé con los restos de caña dulce de pasiones,
mojé la leña de mi hogar y abrí la puerta al invierno.
Me gustan las montañas nevadas y su blanco sepulcral.


Muchos días te imaginé en brazos ajenos,
muchas noches bebí de bocas inconformes
con un grado de sinsabor en nuestras lenguas.
Me gasté una mala broma hablando del tema.


Necesito una escusa para escribir algo torcido,
para molestarme las buenas intenciones
y que cualquiera me señale por ser detestable;
una simple razón para tener el odio requerido...



Porque la ira es el viejo motor que pone en marcha
a la más inútil de las voluntades...



Jorge López García
"El malevólico"