La escritura como don, proviene de algo más que nuestro pensamiento... Aquí se debate lo que nos pertenece y lo que está más allá de nuestra creación... Ven y conoce lo que el Malevólico tiene en la mente.
Secciones
Manuscritos
- 7 pecados capitales (1)
- Amor (2)
- Cuento (6)
- Fábula (1)
- Farina Angelias (2)
- Historias de guerra (1)
- Horror (2)
- Humor (1)
- In curia Regis (2)
- Leyenda (3)
- Lycan's (1)
- Poema (7)
- poemas fusionados (1)
- Prosa (3)
- Reflexiones y más (4)
- Terror (2)
- Tristeza (1)
miércoles, 29 de enero de 2014
El veredicto
Te vieron los mirlos
cosechar la fruta fresca,
llenar el cántaro de promesas
y volver temprano de la ronda,
mientras soñando, te esperaba.
Te sintieron bailar los grillos
y tus pasos, con jolgorio,
se acompañaban furtivos
del sabor de la traición.
¿Quién lo hubiera visto?
Del alarde a la mueca
se desfiguró la rosa altiva
que coronaba nuestro jardín;
hubiese sentido vergüenza,
pero sabía de ti con antelación.
En aquella primera siembra
apareció él, delante de los rosales;
cautivando con lujuria y labia,
y la tierra supo de tu deseo
en la sangre que cayó por error.
Ahora se presentan los ecos
detrás de tu sonrisa descarada,
reviviendo las caricias más sentidas.
Y soberbios son tus pasos hacia la alcoba
donde el triunfo te sería robado.
Sabía nuestra solitaria cama
que sobre su fría cubierta
dejaría un video y la despedida,
porque yo también sabía
del lugar donde me traicionaste.
Fueron testigos los muros
de los lamentos por tus hijos,
el papel del divorcio probó tu llanto
y los muebles padecieron en silencio
la maldición y fuerza de tu rabia.
Y con estos testigos imparciales
y aquella cinta de tu debut de cine,
me retiro sin culpa alguna
pues la potestad la conservo yo,
que sea Dios quien sentencie tu destino.
Jorge López García
"El Malevólico"
Y en tus ojos el mundo
Se desbordaban las bondades;
paraísos terrenales nos rodeaban
afilando la agudeza del amanecer,
porque la dicha era inmensa,
era tu virtud y mi impaciencia.
Las criaturas nacieron de tus manos,
obligadas a obedecer tus sentidos,
una mirada doblaba las voluntades
y un chasquido reformaba alacranes.
Era la creación presa de un beso,
en un instante, de sentimientos bellos
se cubrieron los desiertos cálidos,
y los fríos, escarcharon las ciudades
donde el hombre, de tu sien se vició.
En mi mundo, en un instante confuso,
redimiste el instinto y la vanidad.
Y en el ayer de los meses que pasaron
tu recuerdo desprendió la eternidad.
El amor brotó de mi pecho
y en tus ojos el mundo desapareció.
Jorge López García.
"El Malevólico"
lunes, 9 de diciembre de 2013
Farina Angelias y el hada de la estrella roja (La primera noche)
Capitulo 2
La
primera noche
Farina y Maqui partieron de
Tazara, antes del alba, rumbo a la colonia de Sórceran, en la punta norte del
bosque, donde nace el río Okambo. El viaje era simple —no por eso menos
peligroso—, sólo tenían que cruzar con vida la península por el istmo Coyac,
entregar la carta de Orfeo al señor de Sórceran y regresar sobre el río en
barco. La travesía se hacía de forma anual y la realizaban todos los aprendices
de magia de las tres aldeas, pero en esta ocasión, por tratarse de la princesa,
el viaje sólo lo haría junto con su amigo Maqui Azed, hijo del primer
comandante de las fuerzas del norte. El bosque los recibió con un silencio
sepulcral. Todas las travesías eran iguales, el numeroso contingente de jóvenes
hacía que el bosque se comportara de forma indiferente la mayor parte del
tiempo; sin embargo, ahora se mostraba curioso de saber por qué dos jóvenes
habían cruzado la frontera y si es posible los eliminaría.
Los magos
avanzaron rápidamente y sin descansar, durante toda la mañana; hubieran
preferido volar bajo, pero eso llamaría la atención de los ojos en el bosque.
De día, la apariencia del lugar era como la de cualquier otro bosque —en cuanto
a plantas se refiere—, pero sin el canto de las aves, el paso incesante de los
insectos, la humedad de la tierra y el aroma dulce de las flores. Los árboles
eran de tamaño medio, frondosos en ocasiones, pero distanciados lo suficiente
como para dejar ver las montañas Pakis que perfilaban el territorio Coyac y
protegían el gran valle. Cerca del atardecer, los magos se detuvieron para
montar el campamento en una pequeña colina vacía, antes de llegar a las
montañas. La cima sobresalía de la altura media de los árboles, por lo que les
brindaba a los viajeros la sensación de seguridad en su primera noche.
Maqui realizó
un encantamiento en los alrededores de la colina para evitar que fueran
sorprendidos mientras dormían. Farina sacó una pequeña caja de cristal negro y
la colocó en el piso; después dijo:
—¡Vacuum
protector!
La caja negra
se expandió hasta alcanzar el tamaño necesario para albergar a ella y Maqui. Farina
entró primero, atravesando las paredes de cristal como si fueran una simple
ilusión. Detrás de ella, Maqui se disponía a entrar, cuando un movimiento entre
los árboles llamó su atención. Tras un breve parpadeo, todo el bosque quedó
sumergido en una niebla densa que abarcaba desde las orillas del río hasta la
parte baja de las montañas. Decenas de ojos comenzaron a aparecer entre la
niebla, con un tono incandescente y amenazador. La mano de Farina apareció
desde la oscuridad de la caja y tiró con fuerza del hombro de su amigo evitando
así que corriera un riesgo innecesario. La caja se volvió invisible una vez que
los magos estuvieron dentro y no volvería a mostrarse hasta la salida del sol
por la mañana siguiente.
Desde el
interior de la caja era como estar en un cubo de cristal, apenas visible por
las aristas luminosas que se encendían cada que alguien o algo se acercaba a la
zona protegida. El clima se sentía templado y muy agradable a pesar de que afuera
la temperatura había descendido de forma drástica. Los magos flotaban
recostados sobre una nube de humo que se desprendía de una varita de incienso
mágico. Evasiva de lo que sucedía a su alrededor, Farina contemplaba las
estrellas del cielo y todas las constelaciones que podía reconocer. En su mente
predominaba la idea de viajar hasta donde se encontraban los grandes cúmulos de
galaxias y averiguar por qué una de las estrellas había decidido caer en su
planeta. Farina preguntó:
—¿Cómo es que puede caer una estrella en la
Tierra, si todas ellas están tan lejos y son inmensamente grandes?
Su pregunta no
tuvo respuesta, pues Maqui se encontraba de espalda hacia ella y aparentemente
dormido.
—Maqui —insistió
Farina—. No te hagas el dormido, Maqui. El conjuro para tus ronquidos aún no se
descubre, así que estás despierto o de lo contrario ya estarías roncando.
—Antes del a
caída de la estrella —contestó Maqui—, cualquier persona hubiera respondido y
hasta jurado por lo más sagrado, que es imposible que algo así sucediera. Antes
de todo esto, los hombres tenían leyes inquebrantables para casi todo lo que
conocía de su mundo, pero ahora… las cosas cambiaron Fari, y no se puede estar
seguro de casi nada.
—¡Yo estoy
segura de que puedo alcanzar todas esas estrellas! Y lo haré algún día, de una
u otra forma.
—Mejor intenta
dormir, Fari. Mañana no podremos descansar hasta llegar a la siguiente marca y
necesitarás fuerza por si nos encontramos en dificultades.
—Eso quiero,
pero no puedo dormir con todos ellos mirándome.
Del otro lado
del cristal mágico, una jauría de silios —predadores con forma de roedores
gigantes, descarnados parcialmente con garras enormes y habilidades que les
hacen letales durante la noche— merodeaban los alrededores en busca de los
magos. No podían ubicar dónde se encontraba el refugio y menos entrar en él,
pero presentían la presencia cercana de carne fresca, joven y humana.
—Ignóralos,
Fari. Necesitamos descansar…
Fueron las
últimas palabras del mago antes de comenzar a roncar. Fari utilizó un
encantamiento para provocarse el sueño y así, los gruñidos y el alboroto de los
silios se desvanecieron por esa noche.
(continuará)
Jorge López García
El Malevólico
domingo, 8 de diciembre de 2013
Farina Angelias y el hada de la estrella roja (El bosque)
Primera parte
Capítulo 1
El
bosque.
Todo comenzó cuando la estrella
roja cayó del cielo. El gran bosque del norte se incendió tras el impacto y
sólo la primera tormenta del año pudo apagar el fuego, tres días después.
Muchas vidas se perdieron: animales, insectos, peces pequeños de los arroyos
que se secaron, y miles de árboles tan antiguos como los poblados en las
orillas del río Okambo. La comunidad de Tazara era la más importante y contaba
con el único puerto para el comercio de toda la región; sin embargo, se quedó
casi vacía cuando sus habitantes emigraron a tierras donde el agua no estuviese
teñida de rojo por los restos de la estrella. En el momento en que las primeras
criaturas sobrenaturales aparecieron en el bosque, las familias abandonaron sus
hogares y pertenencias sin el más mínimo remordimiento, convencidos de que lo
único que podían hacer para sobrevivir, era escapar. En poco tiempo se
esparcieron incontables rumores sobre lo sucedido: alguien dijo que las
criaturas llegaron a la Tierra dentro de la estrella para tomar el control del
planeta y exterminar al hombre; otros creían que la estrella liberó alguna
sustancia que transforma todo lo que toca, haciendo de sus víctimas monstruos
indescriptibles. El río sería desviado para evitar la contaminación de sus
aguas, y al mismo tiempo, se preparó una campaña para secar el bosque hasta la
muerte, pero los nuevos huéspedes lo impidieron y así comenzó una guerra entre
el hombre y todo lo que en el bosque existía.
Orfeo Angelias
fue el primer hombre en oponerse al exterminio del bosque; más tarde, un
pequeño grupo de familias se le unieron para recuperar su hogar en Tazara.
Orfeo creía que era el propio bosque quien se adaptaba a las condiciones que
dejó la caída de la estrella, permitiendo la evolución de las especies que
habitaban en él; y los hombres debían hacer lo mismo —afirmaba con toda su
voluntad—, si es que deseaban preservar la existencia de su especie. Impulsados
por el valor de su líder, los conquistadores regresaron a sus tierras y
comenzaron a expulsar todas las formas hostiles de vida, incluso pelearon
contra las plantas que antes de la catástrofe les servían y alimentaban. El
resultado fue parcial, pero al final del primer año se pudieron establecer tres
colonias que marcaron la frontera entre los humanos y el bosque encantado:
Tazara, Sórceran y Génida. Para conseguir hacer frente a sus enemigos, Orfeo y
sus seguidores abandonaron su fe en las religiones y volvieron su atención a la
sabiduría y el conocimiento de los humanos más antiguos; poderes enterrados en
las historias que por cientos de años se consideraron parte de la fantasía y la
imaginación.
A partir del
nacimiento de la primera Hija de Orfeo: Farina Angelias, los hombres de las
comunidades insurgentes se hicieron llamar: sagaris, hombres físicamente
normales, pero iniciados en el uso de la magia que miles de años atrás colocó
al hombre por encima de las demás especies. Cada bebé sagaris era sometido a
estudios y pruebas de supervivencia extremas, para asegurarse que pudieran
adquirir los conocimientos necesarios sobre la magia. Farina no fue la
excepción, y junto con su amigo Maqui, destacaron en todas las pruebas
aplicadas. Ahora, a la edad de catorce años, la primera princesa y el más
notable cadete del ejercito sagaris, tendrían su primera incursión en el
bosque, para demostrar que son dignos de su especie y valiosos dirigentes de su
pueblo.
(continuará)
Dedicado a mi amiga Gabe
Luntbert. Felicidades...
Jorge López García
El Malevólico
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



