domingo, 27 de octubre de 2013

CONEJO DE LUNA...



Camino sobre la faz de la luna, en mis sueños y con los ojos abiertos. Pensando en la soledad del conejo que todas las noches me sigue desde su lado del espejo.
Es verdad lo que dicen; parece que aquí todo reposa con quietud; con gracia. La arena no se precipita sobre mis ojos, que en la Tierra siempre se duelen enrojecidos y cubiertos de lágrimas. El aire de la luna no me hace suspirar, no siento mi pecho oprimido. Creo que si respiro profundamente comenzaría a flotar... ¡Mi cuerpo es tan ligero!
Antes imaginaba, pero ahora me convenzo, que fue bueno visitar a mi amigo conejo, y aunque aún no consigo verle, sé que está aquí; tímido de mi improperio, asustado o tal vez molesto. No se debe ir al lugar de nadie sin convenirlo a buen tiempo.
Él permanece escondido en la blanca arena, observándome con sus ojos de perla; se encuentra pensando que mis motivos no son razones para violentar su calma; para dejar a un lado su tristeza. ¿Acaso no existe lugar donde pueda abrazar la miseria y dejar migajas de lástima esparcidas sobre la mesa?
¿Acaso no vengo buscando lo mismo? ¿No estoy huyendo del bullicio que me juzga y me atemoriza? Soy invasor de su espacio. Mendigo la misericordia de su aislamiento, y suplicaré de ser necesario porque no deseo volver sobre mis pasos. Los cazadores que le ahuyentaron también me están esperando, no importa cuánto corra, sus disparos certeros romperán mi corazón maltrecho, cortarán mis brazos y piernas, y mi alma, pendiendo de un llavero; servirá para un insignificante recuerdo.
¿Por qué estás aquí, amigo conejo? ¿Escuchaste al viento cantar con miedo y amargura de aquellos pobres hombres que un día caminaron muertos, con los ojos abiertos y creyendo que sus sueños son la esperanza verdadera? ¡Hombres que fallecen cubiertos con mortajas de resentimiento!
Permite quedarme amigo conejo, a la sombra de tu voluntad piadosa; en la otra cara de tu luna blanca. Comparte conmigo la confortable insensibilidad del espacio para que pueda contemplar en silencio las estrellas. No necesitas compañía, lo sé; sin embargo, tarde o temprano alguien vendrá a poner luces en la oscuridad de tu casa, sin tu consentimiento.
      Yo sólo tolero tu reflejo y también he visto que sólo asientes visitar éste, mi abismo, al cual me siento tan comprometido que salir de él no consiento. Pero si en tu casa me recibes, te prometo que a los hombres veremos nacer, vivir y morir desde nuestro sueño infinito; fuera del tiempo. Cada quien en su parte de luna; tú, desde su cara blanca, y yo desde la soledad oscura.



Jorge López García
"El Malevólico"

4 comentarios:

  1. ¡¡¡¡Precioso !!!...............Me encanta tu forma de escribir, como manejas y entrelazas las historias y las conviertes en magicas palabras.............Un abrazo!!!!

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  2. holaaa bueno al menos se ve que sí se puede dejar comentarios jejeje... me alegra que te guste amiga... aún me queda mucho por aprender...

    abrazos...

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  3. Qué encanto, pequeño male...
    "¿No estoy huyendo del bullicio que me juzga y me atemoriza?"
    Creo que si, pues me entero de este, tu sitio, ahora.
    Abrazos, pequeño

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    Respuestas
    1. Por eso mismo escogí esa leyenda querida amiga... me siento algo lastimado y confundido... pero a pesar de mi desvarío, te mando un abrazo enorme y un beso...

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