domingo, 15 de junio de 2014

Brindis del recuerdo






Vuela el alma
en la cóncava noche
 sin que nadie lo note
se desprende en silencio,
buscando refugio,
necesitando consuelo,
sollozando como pordiosero
se vuelca pidiendo
un poco de sustento.

Se mueve intermitente
sobre las tibias aguas
de un espejo sin luna;
lánguida su luz propia
y perdida la orientación
de su fe y esperanza.
Aquella flor que deshojada
por las ilusiones forjadas,
delira una existencia vana
aferrada a un cúmulo de raíces
en la superficie inerte
de su inexplicable existencia.

Atravesando el tamiz
en horas perdidas,
se enreda sin sentido
en el fulgor de una estrella fugaz,
dibuja la alegría vagamente,
pretendiendo con la punta
de los dedos, tocar.

Qué tan fríos los inviernos
y cruentos los alborotos
de la serpenteante primavera.
La lluvia y el calor remueven
cicatrices y espinas olvidadas,
Será que hoy vuelven a mí
como viejos corceles a galope
cruzando las colinas del recuerdo.

En ligado latido sin ataduras
como chispeantes luces
tras un velo negro,
lentamente se presentan
como agitado demonio,
estrujando el ser,
mísero de mi,
impalpable aire
que a veces me falta.

Si pudiera extender el alma,
limpiar sus huellas profundas
y dejar secando al sol su virtud;
me tendería al viento del norte
en la paz del descanso eterno.
En cambio, hoy padezco de ti,
triste recuerdo de la soledad,
abrigo de la ilusión de antaño:
en la fragua preparas tu filo
y en mi pecho se hunden los clavos.


Fusionado por:
Karla Estrada y Jorge López



1 comentario:

  1. Que hermosura de poema!!!!...............es fresco, ligero, y tiene magia en versos....................felicidades a los dos autores........................abrazos!!!!

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